jueves, 11 de octubre de 2012

Arte compartido: entre lo perfecto y lo divino

por: Heriberto Castro


Carlos Madera en "Corsario, pas de deux"
El 29 de septiembre aconteció la alianza entre lo clásico y contemporáneo en la ciudad señorial de Ponce. El evento denominado Arte Compartido tuvo la participación de Ballet Brío y Balleteatro Nacional de Puerto Rico (BNPR) ofreciendo la oportunidad a la región sureña de presenciar el encuentro. Si bien el entusiasmo me arropó ante la coyuntura inspirada en la exhortación de María Carrera a dejar atrás diferencias y buscar lo que nos une, la presencia del escaso público me arrojó al abismo de los porque. La exploración de este tema estuvo presente durante toda la noche; razón por la cual traeré algunos de mis pensamientos. Sin intención de herir sensibilidades, quizás motive a la posibilidad de la discusión creativa.

Yenessis Marzán en "Corsario, pas de deux"
El programa abrió con el Corsario, pas de deux. Montada originalmente en el 1856 y re-interpretada por Marius Petipa en el 1865, la interpretación de la versión completa de Le Corsaire ha sido abandonada poco a poco mientras que su pas de deux ha adquirido fuerza a medida que famosos bailarines han reconstruído su coreografía (V. Chabukiani, R. Nureyev) para equiparar la atención de la figura masculina limitada en aquel entonces a la bailarina. En esta ocasión Carlos Madera (B.Brío) mostró exquisita ejecutoria en los saltos y giros a través del escenario mientras que Yenessis Marzán sorprendió con movientos exactos y un excelente grand jeté.


Viviana Alí / "Alturas"
De igual forma, la ejecutoria en Alturas (montada en 1994 y presentada en la USA International Ballet Competition-Jackson, Mississipi) por Viviana Alí (BNPR) no dió margen a la crítica como tampoco la consistente Laura Valentín junto a José Rodríguez (BNPR) en la etérea pieza Preciosa (1990); ambas coreografías de María Julia Landa.

Sin embargo, la vida no es perfecta... y mi corazón no palpitó hasta presenciar Ojos de Sordos, Oídos de Ciego (B.Brío). Allí, en una esquina del teatro, cerca de su final, ocurrió por segunda ocasión... lo impredecible …mi vista se nublaba mientras asociaciones de mi propia vida se entremezclaban con la música y los saltos del bailarín traían a mi pensamiento los contrastes y los porques.

No todo bailarín puede bailar clásico, su ejecutoria mantiene el reto por pertenecer a la memoria colectiva. Ante la posibilidad de un movimiento perfecto y buscando el aval del público, éste corre el riesgo de convertir el baile en un evento atlético donde si la ejecutoria no es extraordinaria se puede percibir indiferente.


Ircamar García baila con el no-vidente Fabián Cardona en "Ojos de Sordos..." durante la Semana Internacional del Baile 2012


Dicho esto, traigo a la consideración mis mejillas mojadas en la coreografía de Rodney Rivera, Ojos de Sordos, Oídos de Ciego. Como mencioné, la vida no es perfecta. Si bien la risa y el llanto es parte de nuestra cotidianidad, lo cierto es que el drama de la vida esta llena de capas que en ocasiones pasan desapercibidas hasta que una tragedia nos toca y desvela el manto de esa costra pegada a nuestro espíritu y que en ocasiones nos enfrenta al borde del precipicio. Mirarse en el espejo del alma para corregir lo que ha causado lágrimas o sencillamente aceptar con amor lo que somos... Llevar estos conceptos al movimiento, no requiere necesariamente de grandes saltos y movimientos. La perfección se esconde muchas veces tras sutilezas que mueven nuestra esencia.

A pesar de la admiración en la capacidad de Rivera para atender asuntos de actualidad en sus coreografías, confieso pensé tiempo atrás que la repetición de algunos movimientos en sus piezas amenazaba su capacidad de innovación y que pronto caería en la reincidencia. Pero su puesta de Ojos de Sordos... me evidencia cuán errado estaba.

Ojos de Sordos, Oídos de Ciego cerró la Semana Internacional del Baile 2012 (CBA) el pasado mes de junio elevando los aplausos a niveles insospechados. En esta segunda puesta ante lo reducido de la tarima del Teatro La Perla, la pieza fue adaptada con menos participantes y se excluyó el poema a su entrada (A una madre oyente- creada en el lenguaje de señas por Ella Mae Lentz) con la interpretación de Hands Performance Crew (HPC). La pieza se transformó sin perder su mensaje revelando así la pureza de sus movimientos. Con la participación de los actores sordos de HPC, la pieza tiene tres momentos significativos.


Josefina Belaval (HPC), Cristofé Rdz, Valmarie Ramos y Carlos Madera en "Ojos de Sordos, Oídos de Ciego" / Teatro La Perla


Dejándose llevar por la vibración del sonido en el piso del escenario para seguir los tiempos musicales, HPC establece junto al cuerpo de baile de Ballet Brío las diferencias y similitudes de ambos mundos estableciendo conversaciones corpóreas que desembocan en frases coreográficas que aluden a la sensibilidad del intercambio. En ese intercambio, Josefina Belaval cuenta como se siente cuando no la oyen (señas y uso de expresiones faciales) entrelazando su historia personal con la de los oyentes (bailarines Valmarie Ramos, Carlos Madera y Cristofé Rodriguez*) quienes prestan sus cuerpos para proyectar a través del movimiento las sensaciones de Josefina; sensaciones paralelas a los que por otras circunstancias no son oídos. (*Louis Martínez sustituye a Rodríguez en la Semana Internacional del Baile 2012)

Con la música de Zbigniew Preisner (Danse Macabre), el mundo del vidente y no-vidente se une en un segundo momento climático cuando aparece en escena Fabián Cardona quien muestra un extraordinario desplazamiento en su baile con Judith Lugo (Ircamar García en la Semana Internacional del Baile 2012) utilizando otras vías de comunicación ajenas a la visión invitándonos a palpar y sentirnos. Entrando en el juego de la integración de mundos simbolizado por el movimiento del bastón, el no-vidente Cardona pasa al mundo común. Su condición pierde importancia y solo cuenta el ser... soltar el bastón se convierte en un acto de la liberación.



Vídeo: Ana Martínez



NFajardo & José Rdz junto elenco de HPC y BBrío(música: Debussy)
La tercera cumbre exploratoria de nuestra condición humana en Ojos de Sordos, Oídos de Ciego se nos manifiesta con el tema de la soledad bajo el manto de la más conocida partitura de Claude Debussy, Claro de Luna. Natalia Fajardo (Ivonne González en la Semana Internacional del Baile 2012) en personificación de no-vidente se interrelacionan con el mundo de los que ven a través del personaje de José Rivera. Las vueltas y alzadas se convierten en símbolos de apoyo y la apreciación de cada cual sin ver defectos. La escena se transforma cuando en el juego de las vida (bailarines como posibles arboledas u obstáculos) nos perdemos ante circunstancias pero aún en medio de tormentas, nos aferramos a la esperanza... En esta ocasión ocurre el re-encuentro, se alivian cargas y el bienestar del abrazo saluda al apoyo amigo recordando el “amor al prójimo como a uno mismo” y conduciendonos a ver la mitad del vaso lleno en vez de vacío. La poderosa mezcla visual con la partitura Claro de Luna nos lanza a escuchar nuestra voz interior para confrontarnos con lo que somos o debemos ser... transformar nuestra realidad del pesimismo y arrojarnos hacia el camino de luz. 

(Nota aclaratoria: Ojos de Sordos, Oídos de Ciego fue presentado durante la Semana Internacional del Baile 2012 como Oídos de ciego, Ojos de sordo...)



Valmarie Ramos en "Bomraíz" / foto: ©Heriberto Castro


La segunda sorpresa de la velada fue a mi opinión Bomraíz, interpretado por Valmarie Ramos, José Rivera, Emmanuel Rodríguez y Andrea Vega de Ballet Brío en coreografía de Rodney Rivera. La pieza que en su origen fue comisionada para una organización y que visita el escenario teatral por vez primera, tiene potencial de trascender el bagaje cultural.


Iniciando con el ritmo clásico del tambor de bomba, la pieza se transforma en un juego con los tiempos presentando algunos elementos urbanos (hip-hop) a medida que retumba el címbalo y las campanas en una edición musical de Emmanuel Rodríguez desembocando en la melodía minimalista de Steve Reich. Las variaciones del mismo tema evocan el ritmo de lo que podría ser un tren... arrojando la evolución del movimiento de la bomba a lo moderno. El ritmo de algunos movimientos dieron la impresión de estar ante la presencia del tren que recogía la zafra en los tiempos de la caña o meramente el tren urbano del presente. Por otro lado, el cliché de la iluminación para crear sombras y que tanto se ha abusado en coreografías recientes, toma un giro pertinente ante la ilusión de estar bailando con nuestro pasado de manera ingeniosa. El ritmo repetitivo del tambor nos conecta al sonido de nuestro corazón viajando a través del baile y la música teniendo como testigos a nuestras raíces.




Se presentaron además las coreografías anteriormente reseñadas Révérence (B.Brío-R.Rivera) y Celtic Fire (BNPR-M.Julia Landa) además de Odaliscas, pas de trois (BNPR-Marius Petipa).