lunes, 10 de junio de 2013

Conmovedor y sorpresivo el Romeo y Julieta


Por: Miriam Montes Mock













Interesante. ¡Estupendo! Para el gusto europeo. Diferente… Simbólico. ¡Qué intenso! Estos fueron algunos de los comentarios que se escucharon entre los asistentes al ballet Romeo y Julieta (concepto y coreografía de Gina Patterson) que presentó en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico la compañía de danza CoDa21, dirigido por la también bailarina Denisse Eliza.



El público puertorriqueño ha disfrutado otros conceptos coreográficos de Gina Patterson, quien ha logrado imprimir en los bailarines con los que trabaja una calidad interpretativa sobrecogedora, producto de la exploración interna del bailarín, del que hurga dentro de sí el sentimiento profundo, el gesto auténtico, la magnitud de la emoción. Su Romeo y Julieta tuvo el indudable acierto de conmover a la audiencia a través de esta historia de amores, pasiones y odios, mediante el lenguaje contemporáneo de su danza y la exploración poética de su representación.





Jesús Miranda (Lord Capulet), Denisse Eliza (Julieta), Rebeca Canchani (Lady Capulet) y Arleane López (Espíritu de Julieta).





























Si bien la interpretación poderosa que los bailarines imprimieron a sus personajes fue un logro estupendo, me pareció que la producción en su totalidad, esa combinación de concepto, coreografía, interpretación, plástica y elementos teatrales, fue capaz de transmitir las sensaciones que crean los poemas apasionados. Esa fue la impresión que experimenté cuando finalizó la función del sábado, a la que asistí: un sentimiento de asombro, de fascinación, de turbación. Como si la historia, capaz de arropar mis sentidos y mantenerme en vilo durante todo el espectáculo, me hubiese hundido en aguas profundas y, sin comprender del todo sus mareas y corrientes, me arrastraba, embelesada, atónita, por ratos confusa, a destinos sorprendentes. Y es que esta historia de siglos, original del célebre escritor William Shakespeare, trascendió la Italia renacentista, las casas de Montesco y Capuleto y las condiciones socioculturales de la época, para insuflarle actualidad y pertinencia a un público atemporal. En Julieta, pues, habita cualquier adolescente mimada y protegida por los suyos, que se enfrenta a las inquietantes emociones que despiertan el amor y el deseo. Los conflictos de entonces son los nuestros: el ansia de amar, el tormento de la incomprensión, las disputas de clase, el odio, la locura.


Masa Kolar interpreta La LOCURA en Romeo y Julieta

Las palabras de Gina Patterson Romeo suscritas en el programa (sí, ella advierte la coincidencia entre su apellido y las fuerzas del destino) nos invitan a sumergirnos en su interpretación metafísica de Romeo y Julieta, como si con su expresión literaria nos advirtiera los lenguajes metafóricos, el simbolismo de su escenografía, los fantasmas que habitan sus personajes. “¿Es el dolor el que nos conduce a la locura o es la locura la fuerza motriz? Dolor, rabia, suicidio e incluso el amor son todos impulsados por ella. ¿Cómo es la locura? Cualquiera puede ser preso de ella en cualquier momento… Las paredes de nuestra mente tienen recuerdos, fantasmas y premoniciones. Pueden proteger o prohibir. Cualquiera que sea la puerta que usted elija para entrar, la locura estará ahí para abrirla al otro lado…”










Kirk Henning y Denisse Eliza interpretan a Romeo y Julieta; coreografía G.Patterson
Este no es un Romeo y Julieta usual. Tampoco es uno de fácil comprensión. El espectador percibe los mundos psicológicos intricados a través del movimiento, del color, del gesto, de la utilería, de la proyección en vídeo, de las entradas escénicas, de la voz shakespeariana, del grito “¡Julieeetaaa!”. Capta el dolor, el odio, la hipocresía, la inocencia, la contienda. Patterson ha escogido comunicarnos su historia a la manera de los poetas: con la sugerencia del verbo. El público debe permutar la acción concreta por la exquisitez de la insinuación. En ese sentido, la audiencia tropieza con la construcción inusitada de un ballet que, lejos de hilvanarse con un lenguaje clásico y una historia en blanco y negro, transita por los vericuetos enigmáticos de la naturaleza humana y fragua una proyección simbólica. Así, la imposibilidad del amor entre los adolescentes se representa con dos rocas enormes que se agrietan, la batalla entre las familias que riñen es una danza, los espíritus de Julieta se desdoblan e interactúan, y la locura es un personaje de carne y hueso.






Una de las escenas más conmovedoras, a mi juicio, fue la muerte de Teobaldo, dramatizada por una capa roja atravesando el escenario y el grito desgarrador de Lady Capulet, interpretado convincentemente por Rebeca Canchani. No hay duda de que Canchani, quien ya ha probado su veteranía en los teatros y su excelente capacidad histriónica, conquistó a la audiencia con la intensidad de su caracterización.





Sara Lovett 



De otra parte, la ejecutoria vigorosa de la actriz y escritora Sara Lovett mientras recitaba en inglés fragmentos alusivos a la historia, interesante para algunos, resultó ser un ingrediente desatinado para un sector del público, no solamente debido a la dificultad para entender su alocución, sino por presentarse en un país hispanoparlante.










La LOCURA (Masa Kolar) arropa a Julieta (Denisse Eliza).
Hay un proceso creativo muy refinado, muy cuidadoso, muy hondo, detrás del Romeo y Julieta presentado por CoDa21, que ha sido capaz de integrar una variedad de elementos –alegóricos y reales- para ofrecernos una producción mágica, cautivante. Los bailarines, inmersos en sus personajes, lograron comunicar con fervor las particularidades de sus actuaciones. Denisse Eliza lució juvenil e ilusionada en el papel de Julieta aunque, en mi opinión, las escenas románticas pudieron trabajarse de manera más elocuente para beneficio del público que observaba a la distancia. No obstante, el protagonismo y la fuerza dramática de la historia representada por CoDa21 no descansó en el personaje de Julieta, como suele ocurrir en los ballets clásicos, sino en la encarnación de la locura, eje primordial a través del cual se suceden los hechos y las premoniciones de esta tragedia.
































Kirk Henning y Denisse Eliza como Romeo y Julieta junto
a Roberto López en el personaje del cura.



Participaron, además de Canchani y Eliza, el resto de la compañía de CoDa21, a saber, Jesús Miranda, Roberto López, Omar Nieves, Ana Victoria Fridman, Adriana Aybar Urrutia, Yamilette Padilla y, sustituyendo temporeramente a Vesna Lantigua, Arleane López. Los papeles de Romeo, Mercucio y el Conde de París estuvieron interpretados por los artistas invitados Kirk Henning, del Suzanne Farell Ballet; Chris Hannon, del James Sewell Ballet; y Maykel Acosta, egresado de la escuela cubana de ballet y quien goza de una trayectoria sobresaliente como primer bailarín clásico. Igualmente Masa Kolar, graduada en Bélgica y quien ha sobresalido como bailarina, profesora y coreógrafa de danza moderna, ejecutó el personaje de la locura de manera estupenda.












Rebeca Canchani en el personaje de Lady Capulet.


El diseño de vestuario, escenografía y concepto del filme estuvo a cargo de Jorge Gallardo, mientras que Gerónimo Mercado creó la proyección en vídeo que se transmitió al inicio de la función. CoDa21 disfruta el talento de Lourdes Gómez, graduada de la Escuela Nacional de Artes, en Cuba, como maestra y directora de ensayo de dicha compañía.






























Felicitamos a CoDa21 por un genial Romeo y Julieta que, por cierto, conviene 
presenciar más de una vez.


 

viernes, 17 de mayo de 2013

OTRA COSA dentro del mundo de las interconexiones


Por: Heriberto Castro

Ser lo que somos... cuando jóvenes y por alguna extraña razón, asumimos que nos apoderamos de las verdades, atribuyendo lo que somos al incautarnos de nuestro cuerpo, alma y espíritu. Pero la redondez del mundo junto a la del universo se junta con las adversidades para darnos la lección. Aprendemos la importancia de nuestro entorno y las vidas que la habilitan... nos interconectamos.


Conectada desde sus comienzos, teatrera Rosa Luisa Márquez documenta momento histórico para el Taller de Otra Cosa. En foto: Awilda Sterling Duprey, Teresa Hernández y Viveca Vázquez en "cumpleaños y boda".























Es esa interconección el causante de ser lo que somos. El tiempo pasa y en un mirar atrás, nos damos cuenta. En esperanza sea para bien, nos convertimos en seres de experiencias... quizás para algunos en sabiduría... agradecidos de aquellos que permitimos contribuyeran en lo que nos hemos convertido y de aquellos que, sin plena conciencia, también fueron parte de la conspiración evolutiva.


La sorpresiva tercera función de coreografía del error, CONDUCTA de Viveca Vázquez tuvo hoy su gran noche. No tan solo la ejecutoria de sus integrantes nos transportó al emotivo encuentro de una época marcada por la irreverencia manejada magistralmente, si no además, se ejecutó una secuencia de conductas durante el conversatorio que inaludiblemente nos puso en contacto con las conecciones pasadas y presentes. Una fragancia de autenticidad dominó el espacio del Patio Interior del Museo de Arte Contemporáneo de PR dejándonos respirar el poder de la belleza de lo que somos por el público a medida que las historias reveladas se interconectaban para mostrar la evolución de un movimiento... el Taller de Otra Cosa.



Rescatado el material coreográfico por José Pepe Álvarez, es quizás
"Madurándose" (1985) una de las piezas más complejas y dificultosas
en ejecución durante el evento de CONDUCTA. Bailan Cristina Lugo
y Beatriz Irizarry.  Foto: ©2013 Heriberto Castro
Con participación de la propia Viveca Vázquez, Eduardo Alegría, José Pepe Álvarez, Cristina Lugo, Alejandra Martorell, Karen Langevin, Beatriz Irizarry, Javier Cardona, Awilda Sterling Duprey. Tuvo esta vez la intervención y la genialidad de un performance finalizada la función de Teresa Hernández quién en fracciones de segundos nos hizo reir vestida de novia cuya finalidad estaba en narrarnos la historia de su relación mas duradera (como ella misma la describe) con Vázquez y el Taller de Otra Cosa el cual dirige ahora. Entrelazando la actualidad de la reciente aprobación del Proyecto 238 en un 'matrimonio' de años y presentarnos un bizcocho de bodas para a su vez celebrar el cumpleaños de Alejandra Martorell. Descorche de vinos espumantes, brindis por los años de producción, de trabajo arduo, de agradecimientos, de romper siempre las formas mientras Antonio Martorell nos dibujaba en un lienzo improvisado lo que acontecia, fue definitivamente una sorpresa para reir y darnos cuenta que tuvimos la experiencia de un grupo de artistas que nos honra en la no repetición de sus movimientos, en el dominio del espacio y en su compartir con el público para convertirlo todo en un taller de otra cosa


Mañana Sábado 18 de mayo a las 8:00 de la noche será la última oportunidad de disfrutar de la retrospectiva coreografía del error, CONDUCTA de Viveca Vázquez en el Museo de Arte Contemporáneo.


martes, 14 de mayo de 2013

Abarrota el teatro El Lago de los Cisnes


Por: Miriam Montes Mock




































Ballet Concierto de Puerto Rico recientemente logró lo que toda compañía de ballet en Puerto Rico ansía: llenar a capacidad la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré en sus tres funciones. El público, delirante, no cesaba de aplaudir ante las ejecuciones sobresalientes de los bailarines invitados, Viengsay Valdés y Osiel Gounod, primeros bailarines del Ballet Nacional de Cuba. Al concluir el espectáculo ̶ que duró tres horas y media brevemente interrumpidas por dos intermedios ̶ la audiencia ovacionó de pie la función de uno de los favoritos de todos los tiempos, El Lago de los Cisnes, con la coreografía de Nicolás Beriozoff y música de Pyotr I. Tchaikovsky.





Osiel Gounod como el Príncipe Sigfrido  /  Foto: ©2013 H.Castro
El éxito del evento artístico fue el resultado de una combinación de factores tan vitales como arduos. De un lado, la incansable determinación, el afán por la excelencia y un optimismo a prueba de obstáculos de la directora ejecutiva de la compañía de ballet clásico, María Teresa León y de su director artístico, Carlos Cabrera. No existe otra manera de hacerlo. Había transcurrido poco menos de una década desde que el popular El Lago de los Cisnes regresaba a los teatros del país. Mientras tanto, la administración de BCPR se enfrentaba a la usual limitación económica que desde años recientes sufre la gran mayoría de las compañías de baile en Puerto Rico. Como si fuera poco, debía hacerle frente al desafío de ofrecer un espectáculo que demandaba una exigente técnica y una madurez artística en sus bailarines principales, una sincronización extraordinaria en su cuerpo de baile, y una complejidad significativa en la plástica. La decisión estaba hecha. BCPR se iba en grande. Para cerrar con broche de oro, contaría con la participación en vivo de La Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, dirigida por el maestro Rafael Enrique Irizarry. Tener música en vivo durante un espectáculo de danza es sin duda un lujo al que toda compañía de baile aspira, sobre todo en este caso en el que se interpretaba la genial obra de Tchaikovsky con la magnífica calidad de nuestra Sinfónica. Sin embargo, la alianza constituye un reto adicional para el cuerpo de bailarines, debido, principalmente, a la variación en los tempos de la composición musical. A pesar de que, para algunos espectadores avezados el metrónomo no siempre marcó el tiempo ideal para los bailarines, el profesionalismo de estos se impuso y fue capaz de salvar inconvenientes mayores. Y es que la magia que es capaz de provocar en el público una agrupación de músicos apostados en el sótano de la tarima, puede convertirse en un dolor de cabeza para los bailarines, quienes a menudo se enfrentan a la incertidumbre de los tiempos musicales. No obstante el riesgo la función resultó, al menos para la audiencia, en un feliz maridaje entre músicos y bailarines, y la Orquesta se alzó venerable ante el público que la ovacionó.



En una serie de arabesque arrière, pirouettes y fouettés, Viengsay Valdés muestra su maestría manteniendo el tempo de la música en vivo durante su personificación de Odile en el 3er Acto.  Foto: ©2003 Heriberto Castro




















El producto final del espectáculo, a juzgar por el entusiasmo de los espectadores, no pudo ser más placentero.





















No hay duda de que el virtuosismo de Valdés y Gounod fue una carta ganadora. Ella, con numerosas piruetas ejecutadas a la perfección y sus balances prolongados, arrancó bravos de admiración. Mientras tanto Gounod, quien a pesar de su juventud cargó con la inmensa responsabilidad de ser el parejo de una de las bailarinas favoritas a nivel internacional, demostró una asombrosa solidez en su técnica y provocó el fervor de un público embelesado con su ejecución. No exagero si catalogo sus giros como magníficos, pero más aun si destaco el control con el que su cuerpo fue capaz de realizar y culminar saltos grandes. De seguro, la madurez que otorga la experiencia impulsará a este bailarín prodigioso a alcanzar niveles interpretativos aun más admirables. Enhorabuena a los maestros y bailarines cubanos, cuyo adiestramiento en la técnica del ballet clásico brilla por su excelencia.



Mas no todo el éxito recayó sobre el arte de los artistas invitados. La función tuvo otros aciertos que denotan el trabajo arduo que realizó BCPR. El cuerpo de baile, repleto de formaciones geométricas y movimientos uniformados, fue uno de ellos. Si bien tuvo sus fallas, en general logró proyectar la estética de su armonía y el detalle de sus gestos.





Odemar Ocasio, bailarín invitado, cortesía de Balleteatro Nacional de Puerto Rico, estuvo excelente en su interpretación de El Bufón: brío, agilidad, saltos generosos, giros limpios, y una proyección simpática y liviana. Felicitaciones por un desempeño implacable, que dejó al público pidiendo más.





Tania Muñiz
Carmen Ana Rodríguez
Las ejecutorias de las bailarinas principales Tania Muñiz y Betina Ojeda estuvieron a la altura de sus exigencias técnicas. Pero fue particularmente grata la sorpresa del reencuentro con nuestra querida Carmen Ana Rodríguez, uno de los grandes talentos que ha producido el ballet puertorriqueño. Carmen Ana, quien en sus tiempos de bailarina principal de BCPR se destacó por sus bellísimas extensiones, difíciles fouettés y balances sostenidos, regresó al escenario tras un largo receso, en un personaje de carácter. Su proyección fue convincente, vigorosa, como toda una reina caprichosa y altanera. ¡Qué se repita!



Especial mención merece el vistoso vestuario, diseñado por David Heuvel y confeccionado por las expertas manos de Celeste Pupo y Elba R. Cruz. Stella Nolasco estuvo a cargo del vestuario de Odette. Igualmente majestuoso resultó el diseño de la escenografía, a cargo de David Higgins y el talento de los veteranos Nemesio Canchani y Sylvia Levy. Jorge Ramírez estuvo a cargo de las luces y la regiduría de escena.






Ma. Alejandra Castillo en la Danza española
Producciones como El Lago de los Cisnes, con una puesta en escena asombrosa, es sin duda el producto de un sinfín de esfuerzos tras bastidores, algunos de ellos realizados con muchos meses de antelación. Me refiero a la Junta de Directores de BCPR y a los amigos de la compañía, amantes del ballet y quienes generosamente se han comprometido con su desarrollo y su gloria. Son ellos los que realizan gestiones para garantizar los apoyos financieros y los esfuerzos promocionales, entre otras tareas, sin las cuales no serían posibles producciones de este calibre. Entre las actividades que se realizaron, se presentó una subasta con las obras de un puñado de artistas plásticos que se inspiraron en los bailarines y/o en El Lago de los Cisnes. Participaron Sarabel Santos Negrón, Gilbert Salinas, Angélica M. Rivera Reyes, Kilo Mora, Elba Ojeda, Gloria Bosa Osorio y el cubano Ernesto M. Rancaño Vieites, con su obra Assoluta.








Felicitaciones a Lolita San Miguel, fundadora de BCPR, quien no puede negar las huellas del tesón y la búsqueda de la excelencia en cada producción artística. Igualmente reconocemos la labor de Víctor Gili, director de ensayos y maestro de la compañía, y al resto de los instructores, Carlos Cabrera y Paschal Guzmán.



Pienso que Puerto Rico es afortunado al contar con un puñado de gente obstinada en robustecer las artes dancísticas, personas que generan proyectos y alientan el nacimiento de ideas difíciles de alcanzar. Si no fuera por ellos, el ballet se hubiese cansado de crecer. Creo que contamos con un público cada vez más expuesto a una variedad de géneros de baile, a estilos distintos que apelan a gustos heterogéneos. ¡Bravo! por los que luchan; que un pueblo sin arte, es un pueblo moribundo.